jueves, 23 de noviembre de 2017

Banderas



La libertad guiando al pueblo-Delacroix-1830-Museo del Louvre
Este cuadro es uno de los mejores ejemplos de que, hasta el siglo XIX, la presencia de las banderas nacionales en el arte era plenamente conforme con su significado simbólico originario.

A partir del siglo XX ya no fué así y, muy especialmente, en el caso español.
Esta bandera de España, transformada en una soga de horca, apareció el pasado mes de octubre en un balcón de La Casa Invisible, un centro social y cultural de la ciudad de Málaga, en el marco de una «exposición artística» titulada “La Guerra. Espacios-tiempos del Conflicto”. Al cabo de poco tiempo, fue retirada del balcón e instalada en el interior del centro como una más de las obras de la exposición.

Otro ejemplo reciente de una obra de arte conceptual en la que la bandera de España aparece con un significado negativo es la ópera Carmen de Bizet en la versión de Calixto Bieito que pudo verse este año en el Teatro de la Bastilla de París. En una de sus escenas un legionario friega el suelo y se limpia el trasero con ella y en otra Micaela la usa como trapo para limpiar un Mercedes. Esas escenas desaparecieron, con el consentimiento de Bieito, en las representaciones de la ópera que tuvieron lugar en el Teatro Real de Madrid del 11 de octubre al 17 de noviembre de 2017).

Muy probablemente esas obras de arte traen causa de otras anteriores como la siguiente.
El Caudillo-Ignacio Zuloaga-Museo Reina Sofia

En todo caso, probablemente la mayor aportación del arte del siglo XX al tratamiento de las banderas nacionales ha sido darles identidad propia como objetos artísticos.
Jasper Johns-Flag-1954-MOMA

Esta es la obra que inicia ese movimiento y su valoración artística debe circunscribirse pues a la particular representación realizada por el autor de lo único que se muestra en ella: la bandera de los EE.UU.

La elección del motivo no fue tanto el patriotismo del pintor cuanto de su familiaridad para el público norteamericano ya que en 1954 tuvieron lugar diversos actos de exaltación de la bandera que hicieron que estuviera muy presente en su imaginario icónico.

Johns pintó con oleo las barras y estrellas sobre una base de papeles de periódicos (elegidos cuidadosamente para que ninguno de ellos publicara noticias destacadas que llamaran la atención) y aplicó un tratamiento protector con encaústica a su superficie externa.
Jasper Johns-Three Flags-1958-Whitney Museum-Nueva York).

Esta es otro de los 40 cuadros que Jasper Johns pintó a lo largo de su vida con la bandera norteamericana como único motivo.

A los pintores les gustó tanto la idea de Johns que muchos de ellos se consideraron obligados a aportar sus particulares versiones de la bandera norteamericana como las dos que se reproducen seguidamente.
Keith Haring-Untitled
Jean-Michel Basquiat- Untitled

En España el tratamiento neo-figurativo de la bandera no tuvo eco, pero sí lo hizo la abstracción.
Antoni Tápies- El espíritu catalán-1971-Colección Huarte
Carteles de Antoni Tápies

Como puede verse en las obras anteriores, Tapies extrae de la bandera catalana las cuatro barras rojas y el color amarillo y juega con esos y otros componentes para transmitir el mensaje deseado en cada caso ligado siempre con el sentimiento nacional catalán. Nótese que las cuatro barras rojas no están dispuestas en la posición horizontal que tienen en la bandera para reforzar su simbología reivindicativa (el nacionalismo siempre apunta hacia arriba).
Joan Miró-1983

Y esta obra tan conocida de Joan Miró -y tan identificada con el sol de España- también es, en realidad, una versión abstracta de la bandera española.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Doctor Fourquet


En la calle Doctor Fourquet de Madrid, muy próxima al Museo Reina Sofía, se han abierto en los últimos años varias galerías que exponen a artistas emergentes. Para entender ese término nada mejor que un vistazo a las exposiciones de otoño de nueve de ellas. Con ese propósito se reproducen seguidamente imágenes y textos de las mismas.

                                Albano-“Nadie Nada Borra”-Galería Juan Riso 

El trabajo de Albano explora las problemáticas de la imagen de la sociedad contemporánea. Su serie ATLAS es “un cementerio de recuerdos, herencia de la alta densidad visual a la que estamos sometidos”. El proceso pictórico, sus elementos y la dimensión temporal vertebran sus reflexiones. En sus dibujos, pinturas y esculturas encontramos cartas de color, paletas, cuadrículas, dameros, cruces de ajuste, notas o mediciones que abandonan la sombra del lienzo para ser el tema principal de la obra.

“Me interesa rescatar y elevar a la máxima categoría el proceso por el cual se construye una imagen. En esta sociedad dominada por las imágenes lo único humano es el acto de crearlas, es más, las imágenes en sí ya no me inquietan porque han perdido toda credibilidad”.

Con la utilización de los tonos verdes que le caracterizan, Albano desarrolla un discurso metapictórico donde reutiliza los residuos que genera el proceso de creación de una imagen, Las obras resultantes están, ante todo, alejadas de toda etiqueta convencional y clasificatoria. Únicamente los elementos referenciales que se ordenan en el plano pictórico nos alertan de un mundo conocido y medido por el hombre. “Consiste en utilizar y reutilizar la pintura, en entender nuestro hábitat como desierto donde convivimos irremediablemente con los elementos que nos ha dejado el pasado”.

                                 Ana Prada-“Perfección”-Galería Helga de Alvear 
           Perfección es el título que la artista Ana Prada ha elegido para su nueva exposición en el espacio de la galería. Una rotunda declaración de intenciones que quiere definir su práctica artística. En palabras de la propia artista «buscar la perfección es como perseguir rayos de luna o como cazar sombras; inútil, pero eso no evita que los soñadores lo intenten».

Los sueños de Ana Prada consisten en dar con el jarrón perfecto, con la cuchara perfecta, con la vela perfecta. A través de este tipo de sueños, se enfrenta con lo que se podría denominar el problema de la silla de Platón: todas las sillas están determinadas por la idea de silla, todos los panes por la idea de pan.

Para ella lo más importante de su relación con la perfección es cómo se enfrenta con la falta de ésta, promoviendo la repetición y modificación infinita. Por ello, las piezas que presenta se basan en esa búsqueda constante y sin fin del objeto perfecto, o al menos, del momento fugaz de la perfección.

                                 Massimo Bartolini-“Bio Biblio”-Galería Bacelos

De manera personal, la muestra adquiere el nombre por una derivación de la carpeta del escritorio de su ordenador donde guarda el curriculum vitae. El cual, no es más que un gran desfile de fechas y nombres; un poco como las lápidas del cementerio.

El concepto de girar (Turn) se encuentra también en la obra Table, con ella nos podemos imaginar al artista en su gesto habitual de girar alrededor de la mesa del estudio, de mover las cosas como un pensamiento mueve las imágenes. La mesa representa un ejercicio de partida al ajedrez en solitario, la mesa es una orquesta y un solista a la vez. Table es una grabación del ruido que hace el escritorio del estudio cuando lo desplaza arrastrándolo por el suelo. No mueve las cosas que están arriba pero sí la mesa con todas las cosas encima. Table es un sonido de un instrumento de viento que toca por fricción.
                                   Joe Hamilton-“Remote Sensing”-Ipsum Galería
En Remote Sensing, la primera exposición individual del artista australiano Joe Hamilton en España, éste presenta obra nueva que le permite especular sobre el efecto de la tecnología de teledetección en la representación del paisaje.

En las obras expuestas, el artista utiliza las imágenes creadas a través de las tecnologías de ‘remote sensing’ como una oportunidad para investigar tanto sus posibilidades conceptuales inherentes como las cualidades estéticas propias de estas técnicas de imagen especializada sin necesidad de estar vinculado a un resultado técnico o científico.

                                         A Kassen-“O”- Galería Maisterravalbuena 
            O es la cuarta vocal del abecedario, aparece escrita como un círculo de un solo trazo, la figura perfecta, la forma que contiene las demás formas, estamos ante una curva que se prolonga para volverse a encontrar. Simbólicamente el círculo representa lo absoluto, lo divino, la perfección, la igualdad. Al no tener principio ni fin, tiene una fuerte ligazón con el sentido del tiempo y el correr de las estaciones. Es el símbolo que hace girar la naturaleza entera con su movimiento eterno. Es el Sol.

En la que supone su cuarta exposición en la galería, el colectivo danés A Kassen emplea esta forma primigenia para reflexionar en torno a los procesos de creación y transformación que intervienen en sus obras. El tiempo es el que marcará el resultado morfológico de las esculturas y la obra sobre papel que se presentan en esta exposición. Este tiempo puede ser un instante o una secuencia prolongada.

Las esculturas de bronce pertenecen a la serie Pours, mostrada por primera vez en España después de haber sido concebida como proyectos site-specific en KØS y Aarhus, Dinamarca y en Kistefomuseet, Noruega. El contacto del metal líquido caliente a 1000º y el agua fría hace que el bronce se solidifique en pequeños modelos únicos de formas aleatorias, abstractas y orgánicas; posteriormente A Kassen escoge aquellos que serán fundidos a una escala mayor. Las formas resultantes son el producto de un fenómeno natural incontrolable en el que interviene el agua, el metal y sus diferentes temperaturas y estados. En la obra de A Kassen lo procesual siempre tiene un papel importante, el título Pour, de hecho, apunta al proceso, ya que literalmente se refiere a la acción de verter una sustancia. En este caso, el proceso es una reacción química instantánea que tiene un ingrediente performativo en el que entra en juego el azar, lo incontrolable e impredecible.

                                      Miki Leal-“En la línea de fondo”-F2 Galería


          Afirma David Foster Wallace, el mejor y más intenso “narrador” del tenis, que “probablemente es necesario cierto nivel de abstracción y formalidad (es decir, de “juego”) para que un deporte posea cierta belleza metafísica”. Y es a partir de dicha opinión, que se permite calificar el tenis como el deporte más bello que hay. Una afirmación que con total seguridad comparte Miki Leal, acostumbrado a convertir en eje de su trabajo sus mitologías personales, convertidas en universos referenciales o espacios de connotación desde los que abordar lo que constituye el núcleo central de su trayectoria: la pintura. Así ocurre con el tenis, convertido, en este grupo de obras, en terreno de juego para dialogar sobre el acto mismo de pintar, sobre géneros y formas, sobre la cultura, sus signos y símbolos, y la manera de representarlos.

                          Martinho Costa-“Sombra de Terra Queimada”-Galería Silvestre
            "Terra de Sombra Queimada", es el nombre de uno de los pigmentos recurrentes en la paleta de Martinho Costa. El artista ha tomado esta expresión como título de su nueva muestra en relación, también, a la luz y la carga visual de la región Mediterránea; la cultura milenaria que ha actuado como fuente de inspiración en este proyecto: desde los fragmentos y patrones persas hasta la presencia conceptual del azulejo tradicional.

En “Terra de Sombra Queimada” el espectador puede descubrir sobre la superficie pictórica pequeños fragmentos realistas. Pero también, líneas, manchas abstractas de color y diferentes tipos de patrones que generan un conjunto aparentemente libre, que convoca ecos próximos al lenguaje expresionista por su fluidez, y movimiento.

No obstante, lo que aquí ocurre es todo lo contrario. La antigua mano del pintor expresionista, cargada de fuerzas ocultas, disparaba la pintura como si de rayos en una tormenta se tratase. Pero la obra creada por Martinho Costa, presenta un expresionismo de carácter cínico, simulado, digital. Cada línea, mancha, fragmento de color ha sido íntegramente copiado partiendo de una matriz original: una red compleja de píxeles en la que aparecen recogidos todos estos elementos. Invirtiendo la idea de gesto libre que el expresionismo nos ha legado, Martinho crea la imagen construyéndola a través de un gesto que, en realidad, es un simulacro de libertad.

         Guillermo Mora-“Los Fondos Remontan”-Galería Moises Pérez de Albeniz

          La obra de Guillermo Mora no simboliza un punto entre dos disciplinas. No es un estadio intermedio entre la pintura y la escultura. Y no puede entenderse en términos binarios, como un objeto atrapado en un rango comparativo entre dos categorías que entendemos sin dificultad. La obra de Guillermo es más un dispositivo que un objeto. Un dispositivo inestable, inasible, que está constantemente cambiando. Más parecido a una epidemia: que nace en el contacto y en el contagio entre dos entidades, y que produce elementos que están siempre cambiando, siempre convirtiéndose en otra cosa. Un color que nunca es puro, sino siempre llegando a otro tono. El color se siente, pero también se siente el impulso. La materia habla. Una masa de pintura sintética que se expande, se reseca y se agrieta. Pero nunca está contenida, su expansión sigue sucediendo ante nosotros en una escala casi imperceptible, incontrolable.

La obra de Guillermo es también una obra abstracta. Una obra en donde los planos de color, las gradaciones, volúmenes, interacciones, texturas, ausencias y presencias, son elementos formales con los que el artista ha conformado su lenguaje. Este lenguaje se sitúa en un momento histórico en donde es posible trazar una trayectoria en la que el arte abstracto ha sobrepasado la condición de reliquia modernista, o de práctica amateur decorativa, y que en últimos años remonta. En este sentido, Guillermo tampoco se constituye como una entidad individual. Es el resultado de una multiplicidad de voces: las protestas utópicas de los abstraccionistas tempranos como Kandinsky, Malevich y Mondrian; la fe de Félix González-Torres en el potencial político de la abstracción para penetrar la existencia; hasta artistas más contemporáneos, como Ulrike Müller que utiliza la abstracción para discutir cuestionamientos sobre prácticas feministas en relación al cuerpo, y las políticas identitarias del presente, o Alan Ruiz, quien busca encontrar un nuevo radicalismo y capacidades renovadas dentro del arte formalista. De la misma forma, este interés ha sobrepasado la figura del artista y existen casos como el de la curadora María Lind, quien mediante un proyecto de investigación titulado “Abstract Possible” ha investigado la abstracción formal en relación a lo que ella denomina como “estrategias de retirada”, retomando la etimología Latina de la palabra abstracción [Abstrahere] relacionada con verbos/acciones como retirar, remover o sustraer.

                Wifredo Prieto-“En la mente de Dios”-Galería NoguerasBlanchard

            Con un cuerpo de trabajo maduro, la obra de Prieto se ha resuelto por medio de un sutil lenguaje conceptual para comentar las heterogéneas realidades contemporáneas. Se trata de un acercamiento poético a la realidad mediante apropiacionismos de objetos y situaciones comunes.

 Prieto en este contexto presenta una serie de pieles de vaca, que tienen por su naturaleza marcas y variaciones en blanco y negro inherentes a la piel. Por un lado, recuerdan a las manchas de tinta empleadas en el test de Rorschach, una técnica de psicodiagnóstico utilizada principalmente para evaluar la personalidad, y caracterizadas por su ambigüedad y falta de estructuración. Tanto su carácter no figurativo como su ubicación en la pared, aluden a la pintura abstracta abriendo de esta forma un dialogo con la historia del arte, principalmente al contraste entre la tradición pictórica y el origen y función contemporánea del ready-made.

En la mente de Dios profundiza en los conceptos de contraste, de diferencia, de desigualdad y de las implicaciones del azar en nuestra experiencia cotidiana. Pero sobre todo indaga en la mente psicológica que crea estas ideas y que de una manera poética-matemática busca desvelar una teoría para alcanzar la mente de Dios; que no se restringe solamente al ámbito religioso sino que alude a lo trascendental, cuyo sentido varía según el pensamiento y los contextos particulares del individuo.

 Tras el vistazo a lo expuesto en Doctor Fourquet se diría que el criterio utilizado por los galeristas para seleccionar a los artistas, dando por descontada la posesión de un alto nivel competencia técnica (lo que sucede en todos los casos como acreditan sus biografías), combina dos parámetros: la calidad artística y el precio (moderado) de las obras.

Los dos ingredientes básicos de la calidad artística en Doctor Fourquet son la originalidad y el relato.

La originalidad puede darse practicando la metapintura (Albano), buscando la perfección del objeto (Ana Prada), dando forma escultórica a la reflexión artística (Massimo Bartolini), utilizando imágenes creadas por sensores situados en satélites (Joe Hamilton), creando la forma escultórica mediante un fenómeno natural incontrolable (A Kassen), eligiendo el tenis como el tema de las obras (Miki Leal), yuxtaponiendo imágenes conocidas (Martinho Costa), eliminando el marco del cuadro para proporcionar inestabilidad a la pintura (Guillermo Mora) o utilizando pieles de vaca (Wifredo Prieto). Esa variedad es difícil de encontrar en las galerías de arte del centro de Madrid.  

El relato de lo hecho por el artista es necesario (aunque no imprescindible porque si lo fuera no se trataría de obra de arte) para proporcionar el mayor nivel de inteligibilidad posible a las obras (lo que, por otra parte, viene exigido por su alto grado de originalidad) y por eso en Doctor Fourquet se proporcionan al potencial cliente textos sobre las obras y los artistas elaborados, generalmente, por personas distintas al artista.

¡Qué difícil es ser artista plástico -y galerista- hoy día!

miércoles, 25 de octubre de 2017

Palimpsesto


El Museo Reina Sofía expone en el Palacio de Cristal de Madrid desde el 6 de octubre de 2017 al 1 de abril de 2018 la escultura/instalación Palimpsesto de la celebrada artista colombiana Doris Salcedo concebida como un homenaje a los miles de personas que se ahogan en el Mediterráneo al intentar llegar a Europa en busca de una vida mejor.

Se trata de un proyecto realizado por encargo del Museo Reina Sofía para ese espacio tan singular situado dentro del Parque del Retiro de Madrid.


 En esa instalación el pavimento del Palacio de Cristal ha sido estructurado para que aparezcan/desaparezcan cíclicamente nombres de migrantes ahogados mediante gotas de agua proyectadas desde su interior hacia su superficie externa, de apariencia arenosa. Los visitantes pueden pasear por el recinto observando ese proceso evitando pisar esos nombres.

En palabras del propio Museo, “la artista colombiana visibiliza así uno de los hechos más dramáticos e ignominiosos de la nuestra historia reciente: la muerte de miles de personas en las aguas del Mediterráneo ante la indiferencia, cuando no (in)consciente complicidad, de una sociedad europea anestesiada y en peligrosa deriva hacia un cierre identitario”. 


En estas fotos pueden verse los nombres MEHARI y RADIA superpuestos sobre trazas de nombres anteriores.

Y en estas otras pueden observarse las gotas de agua que van apareciendo en la superficie para escribir un nuevo nombre. 

Si tenemos en cuenta que, según la RAE, Palimpsesto es “Manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior borrada artificialmente” no hay duda de que la elección de esa palabra como título de la exposición ha sido muy acertada.

 La idea de documentar los nombres de las víctimas de las tragedias humanas es muy antigua. Sin ir más lejos, a pocos metros del Palacio de Cristal, frente a la estación de Atocha, los nombres de las víctimas del 11-M están escritos en las paredes de un (fallido) monumento conmemorativo de esa tragedia.

Ahora bien, la obra de Dora García (y de su equipo técnico) no es un simple memorial sino una obra de arte al representar de una manera muy potente visualmente la naturaleza de la tragedia mostrando por un lado la continuidad del flujo de ahogados sin que nadie lo detenga mediante la cíclica desaparición de sus nombres y su reemplazo por nombres nuevos y utilizando, por otro lado, de gotas de agua sobre arena como como el instrumento de escritura de los nombres.

Podría haber sido incluso más ambiciosa si los nombres de los ahogados se escribieran en su propia lengua, pero si la instalación ha requerido 10 Km. de tuberías bajo el pavimento para poder escribir los nombres con los caracteres del alfabeto español ya se comprenden las dificultades técnicas que implicaría escribir los nombres en todas las lenguas de las víctimas.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Exposicion imaginaria



            Este el Monasterio de San Pedro de Montes de Valdueza situado en la Tebaida Berciana a 23,4 Km de Ponferrada. Fue fundado en el año 635 por San Fructuoso y después de un largo período en estado ruinoso (salvo la Iglesia) está siendo objeto de una importante rehabilitación a cargo del arquitecto leonés Eloy Algorri García. 

San Valerio describió su entorno con las siguientes palabras:

Es un lugar parecido al Edén y tan apto como él para el recogimiento, la soledad y el recreo de los sentidos. Cierto es que está vallado por montes gigantescos, pero no por ello creas que es lóbrego y sombrío, sino rutilante y esplendoroso de luz y de sol, ameno y fecundo, de verdor primaveral…Aunque en la rígida pendiente de la montaña ni un solo rincón encontramos donde edificar, con la ayuda de Dios, el trabajo de nuestras propias manos y la pericia de los artesanos, en muy poco tiempo allanamos un pequeño espacio donde pudimos edificar un breve remedo de claustro. ¡Qué delicia contemplar desde aquí los vallados de olivos, tejo, laureles, pinos, cipreses y los frescos tamarindos, árboles todos de hojas perennes y perpetuo verdor! A este inmarcesible bosque le llamamos Dafne por sus emparrados rústicos de cambroneras que brotan espontáneas y trepan por los troncos y forman amenísimos y compactos toldos, y refrescan y protegen nuestros miembros de los rigores del estío y nos proporcionan mayor frescor que los antros de las rocas o la sombra de las peñas, mientras que el oído se regala con el muelle del cantar del arroyo que a la vera corre, y la nariz se embriaga con el nectáreo perfume de las rosas, los lirios y toda clase de plantas aromáticas. La bella y acariciadora amenidad del bosque calma los nervios y el amor auténtico, puro y sin fingimientos, inunda el alma.

Observando la foto anterior se comprueba que la naturaleza resiste mejor el paso de unos cuantos siglos que las obras de los hombres.

La rehabilitación realizada comprende, por un lado, intervenciones en las distintas estancias del monasterio para mantener su estado y permitir el acceso público a las mismas como las mostradas en las siguientes fotos.


 
Por otro lado, se ha rehabilitado integralmente el ala oriental del monasterio y en ella está ubicada la siguiente sala destinada a servir, entre otros usos, de sala de exposiciones. 

           Pues bien, esta sala tiene unas condiciones idóneas para albergar exposiciones de arte como, por ejemplo, una que mostrara las siguientes obras del Museo Reina Sofía.
                                       Antoni Tapies, Superposition de matière grise, 1961

Este lienzo-muro (óleo y cemento sobre lienzo encolado a madera) expresa perfectamente la base conceptual de la rehabilitación: cementar la obra en ruina.
                                   Gustavo Torner, Blanco-Verde oscuro, 1960
Gustavo Torner, Blanco-gris (Variación sobre dos texturas n.º 17), 1960

 Las dos obras de Torner al mostrar el contraste entre una superficie plana blanca y una zona matérica (verde y gris), sirven para entender la actualidad del Monasterio: un nuevo interior blanco -es decir abierto múltiples usos-  en un entorno que combina vegetación (el color verde) y piedra/pizarra (el color gris). 
Gustavo Torner, Ocre-Chatarra oxidada, 1961-62

           En este caso el contraste entre la superficie plana ocre y la chatarra oxidada superpuesta a ella nos remite a la historia del Monasterio: las edificaciones se “oxidan” con el paso del tiempo, la naturaleza que las alberga permanece viva.

 
Manuel Rivera, Tabernáculo I, 1969

 
Manuel Rivera, Metamorfosis (Espejo de la noche), 1963 

En las dos obras de Rivera las mallas, de configuraciones distintas, están dispuestas tapando un espacio interior sin que se pueda apreciar claramente si está vacío o si tiene algún contenido, evocando un aspecto muy característico de los monasterios: ser lugares que albergan secretos. 

Pablo Palazuelo, Nigredo I, 1991 

Según la Wikipedia Nigredo es un concepto alquímico que designa la primera de tres fases, previa a la albedo y la rubedo, en la transmutación de la materia. Asociada a la putrefacción, involucra una disolución en la materia prima, para la generación de otra superior (el oro). Se ha asociado la nigredo al planeta Saturno, al elemento plomo y a la Luna Menguante, que es la fase lunar donde se empieza. ´

¿Se practicaría alguna vez en el Monasterio de San Pedro la alquimia o se seguiría rigurosamente la doctrina de la Iglesia sobre la transmutación de la materia?  


Pablo Palazuelo, El número y las aguas I, 1992

 El número (la razón) y las aguas (lo fluido). ¡Qué mejor síntesis de las causas de la ruina del Monasterio! 

Es posible que esa exposición no convenciera a mucha gente para visitarla. En Montes de Valdueza viven 20 personas y llegar hasta allí desde Ponferrada requiere 73 minutos si se ha tenido suerte de no encontrarse de frente con un conductor temerario. Ahora bien, las obras estarían encantadas de disfrutar unas vacaciones en la Tebaida Berciana.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Artes visuales


Este verano el MOMA ofrece cinco exposiciones temporales. 

 
Frank Lloyd Wright at 150: Unpacking the Archive 

La primera, coincidente con el 150 aniversario del gran arquitecto norteamericano Frank Lloyd Wright, comprende obras realizadas entre 1890-1950 incluyendo dibujos arquitectónicos, modelos, fragmentos de edificios, películas, emisiones de televisión, publicaciones, muebles, vajillas, textiles, pinturas, fotografías y libros de recuerdos. La imagen de la exposición es un dibujo de 1955. 

Ian Cheng: Emissaries 

La segunda muestra la trilogía Emissary (2015-17): tres obras que consisten en simulaciones generadas por ordenador que evolucionan sin cesar como ecosistemas autónomos. Están pobladas por un elenco de personajes y vida silvestre que interactúan, intervienen y se recombinan en narrativas abiertas.

Las obras se presentan en pantallas de gran tamaño para que cada simulación se desarrolle en tamaño natural, posicionando a los espectadores como observadores que pueden seguir las vidas de sus personajes. 
Robert Rauschenberg: Among Friends 

La tercera presenta más de 250 obras de Robert Rauschenberg y está enfocada a destacar su colaboración con otros artistas, un aspecto relevante de su práctica que él había definido en frases como “My whole area of art has always been addressed to working with other people” y “Ideas are not real estate”.

En el texto del MOMA se señala que Rauschenberg inició su carrera a principios de los años cincuenta, cuando el expresionismo abstracto estaba en su apogeo, que el desafió esta tradición con un acercamiento igualitario a los materiales, incorporando materiales del mundo diario en su arte y que, trabajando en colaboración con artistas, bailarines, músicos y escritores, inventó nuevos modos interdisciplinares de la práctica artística que contribuyeron a abrir nuevas alternativas al arte.

 Esta ilustración de uno de los poemas del Infierno de Dante es una de las obras expuestas.
Stanya Kahn: Stand in the Stream

La cuarta exhibe Stand in the Stream, una película digital sobre la vida, la muerte y la inextricabilidad de lo personal con lo político. Realizada durante seis años y filmada en múltiples formatos de cámara, capta momentos candentes en chats en línea, en el hogar, en la naturaleza y en las calles, siguiendo la trayectoria del deterioro y la muerte de una madre en medio de paisajes políticos y digitales cambiantes. El programa del MOMA resalta que, desde el nacimiento de un niño hasta la aparición de la demencia, desde la Plaza Tahrir hasta Standing Rock y la toma de posesión de Trump, Stand in the Stream es una oda contemporánea vibrante y urgente y una llamada a la acción.


Projects 107: Lone Wolf Recital Corps 


El Lone Wolf Recital Corps es un colectivo multidisciplinar de interpretación fundado en 1986 por el artista y músico Terry Adkins 1953-2014) del que la exposición muestra videos documentales de sus recitales junto con esculturas de Adkins. El proyecto expositivo también incluye actuaciones en directo de miembros del colectivo.

Así pues, de las cinco exposiciones temporales del MOMA en el verano de 2017 hay tres digitales (las de Ian Cheng, Stanya Kahn y Lone Wolf Recital Corps), una con diversos tipos de materiales (la de Frank Lloyd Wright)  y una con un contenido pictórico (la de Robert Rauschenberg).

Esa es una tendencia imparable en la práctica museística actual que ha desbordado el ámbito tradicional de las artes plásticas (pintura y escultura) para poder abarcar todas las artes visuales, un término verdaderamente amplio pues cabe en él todo lo que entra por la vista.

Aunque las obras digitales tienen por el momento un menor interés público que las obras plásticas tradicionales -y, en el caso concreto del MOMA, su colección de pintura y escultura se lo pone desde luego muy difícil- los museos tienen buenas razones para prestarles atención:

- Les permite intervenir en la valoración de las obras de arte en fases tempranas de su creación en contra de lo que sucedía en el pasado cuando la obra plástica solo accedía al museo tras adquirir un reconocimiento público externo al mismo.

- Con ellas pueden ofrecer al público un material que, aunque no atraiga multitudes, les confiere un aura innovador que está muy bien visto por las minorías influyentes que mueven el arte actual.

- La necesaria incorporación de la tecnología requerida por los contenidos digitales les ayuda a quitarse el polvo que tenían, al menos en algunos casos, en la era pre-digital.


jueves, 7 de septiembre de 2017

Expresionismo


El expresionismo es probablemente el estilo dominante en la pintura contemporánea a partir del siglo XX. Si hubiera dos la segunda sería el esteticismo porque ya se sabe que no puede haber calor sin frío.
Nace en Alemania para representar el mundo tras la primera guerra mundial mediante obras como las siguientes.

Max Beckman, La noche, 1918–1919, Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen, Düsseldorf

Otto Dix, The Skat Players, 1920, Alte Nationalgalerie, Berlin

En España, el expresionismo tuvo matices propios, muy vinculados a la España “negra” y a la herencia de Goya, siendo José Gutiérrez Solana e Ignacio Zuloaga dos de sus cultivadores más destacados. 

 José Gutiérrez Solana, El desolladero (patio de caballos), 1924, Colección Banco Santander


Ignacio Zuloaga, Los flagelantes, 1908, Hispanic Society

En sus orígenes, el expresionismo es, pues, una corriente de la pintura figurativa con una clara vocación de crítica social pero después de la segunda guerra mundial pasa a ser también una corriente de la pintura abstracta.
En el Museo Guggenheim de Bilbao ha tenido lugar una gran exposición sobre el Expresionismo Abstracto del 3 de Febrero al 4 de Junio de 2017 a la que pertenecen las tres siguientes obras.

 Arshile Gorky, Water of the Flowery Mill, 1944,The Metropolitan Museum of Art, Nueva York

Willem de Kooning, Untitled (Woman in Forest), 1963–64, Colección Particular
 
Mark Rothko, Yellow Band, 1956, Sheldon Museum of Art, University of Nebraska

¿Tienen algo en común estas tres obras con las anteriores que haga que puedan compartir su naturaleza expresionista?
Sí. En ambos casos tratan de “expresar” una determinada realidad con recursos pictóricos propios. 
En el expresionismo figurativo el objeto de la obra es una realidad exterior y el recurso pictórico su “deformación” para otorgarle significado. 
En el expresionismo abstracto, el objeto de la obra es una realidad interior y el recurso pictórico el “action painting” en el caso de Arshile Gorky y Willem de Kooning y el empleo de “campos de color” en el caso de Mark Rothko para que pueda transmitir emoción. 
En la pintura abstracta anterior faltaba este aspecto o, dicho de otra manera, era más esteticista que expresionista como veremos seguidamente.



 Si se comparan los cuadros de la izquierda  (Franz Marc, Tirol,  1914, Staatsgalerie Moderner Kunst, Múnich; Vassily Kandinsky, Composición VIII, 1924, Salomon R Guggenheim Museum, Nueva York; Josef Albers, Study for Homage to the Square: Night Shades, 1956, MOMA), con los de la derecha de Arshile Gorky, Willem de Kooning y Mark Rothko se aprecia perfectamente que, siendo todos abstractos, los primeros son el resultado de un proceso intelectual de combinación de formas y colores mientras que los segundos son la consecuencia de actos espontáneos de creación.